Quiero en esta navidad poder armar un árbol dentro de mi corazón......y en él colgar l, en lugar de regalos, el nombre
de mis amigos, aquellos que conozco profundamente y aquellos que poco conozco.....mis amigos humildes y mis amigos importanters.....los que me enseñaron y los que tal vez un poquito aprendieron
de mi ....Quiero que éste árbol tenga raíces profundas, para que los nombres de mis amigos nunca sean arrancados de mi corazón y que sus ramas se extiendan para agregar nuevos nombres
que venidos de todas partes se junten con los ya existentes. Un árbol de sombra agradable, para que nuestra amistad sea un momento de reposo en la lucha diaria de la vida. Yo quiero que el
esiritu navideño haga de cada deseo una flor, de cada lágrima una sonrisa, de cada dolor una estrella y de cada corazón una dulce morada para recibir a
JESÜS, nuestro Salvador.
Quiero terminar, compartiendo con ustedes una lectura motivadora, espero que facilite el contacto interior necesario para la reflexión y la acción pro mejora.
La campesina y el Viejito.
La anciana campesina caminaba lentamente, cargando con dificultad un atado de leña
para alimentar una hoguera en la que cocinaba.Su rancho era un pedazo de techo caìdo sobre una pared, formando un espacio triangular dentro de èste.Un joven juez que en su tiempo libre
paseaba por el campo, se encontrò con ella y, conmovido por la edad y las condiciones en las que vivìa la humilde mujer, decidiò buscar la manera de ayudarlo.La señora hablaba en forma alegre y
determinada, le contò al juez que comìa de lo que crecìa en la granja, que tenìa algunas gallinas y una vaca que le producia lo indispensable. No habìa tonos de queja ni de carencia en la
conversaciòn de la anciana. Todo lo contrario, sus palabras estaban plenas de gratitud y esperanza. Despuès de haber conversado un buen rato, el juez le pregunto a la campesina:
-Disculpe, señora, ¿Hay alguna forma en la que la pueda ayudar? ¿Tal vez ropa, o medicinas? Si en algo puede colaborarle, sòlo dìgame y con gusto harè lo que pueda.
La anciana guardò silencio por un momento , y finalmente respondiò:
-Muchas gracias, en realidad no necesito nada para mì, pero sì para el viejito.
-¿El viejito?- preguntò el juez.
-Sì- continuò la campesina-, està muy enfermo, esta adentro de la casa, ya no se puede ni parar, tiene muchos dolores, me toca hacerle todo porque el pobre no puede ni moverse.
-¿Y què tiene su esposo?- replicò el juez, sorprendido.
-No es mi esposo- respondiò la anciana-, es un viejito que encontrè desamparado y, ¿Còmo lo iba a dejar solito? Por eso, desde hace como dos años que lo estoy cuidando.
"Nadie es tan pobre 1que no pueda dar, Nadie es tan rico que no necesite recibir.
FELICES Y TRANQUILAS FIESTAS, PLENAS DE REFLEXIÒN Y DECISIONES SABIAS.
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